«Acabo de informar a mis colegas de que dejaré mi cargo como presidenta del BCE el 7 de febrero de 2027. Ha sido un gran orgullo servir a esta institución. Agradezco a todos los que me han apoyado durante estos siete años», ha señalado la francesa en un vídeo difundido en redes sociales.
Lagarde confirma así los rumores que apuntaban a su salida del organismo antes de que acabara su mandato en octubre de 2027. Además, la abogada francesa pone fin de forma anticipada a una presidencia turbulenta en la que ha tenido que hacer frente a varias crisis económicas, entre ellas la pandemia de COVID-19 y dos crisis energéticas como las derivadas de la guerra de Ucrania y la de Irán.
Asimismo, Lagarde ha ampliado algunas de las competencias internacionales del BCE, pronunciándose sobre la emergencia climática y las políticas económicas que deberían abordar algunos Gobiernos europeos. «Europa se perdió en gran medida la primera revolución digital. No podemos permitirnos repetir esa experiencia con la inteligencia artificial, la segunda revolución digital», dijo la todavía presidenta del BCE en agosto.
Antes de incorporarse al Banco Central Europeo, Lagarde dirigió durante ocho años del Fondo Monetario Internacional (FMI), donde también fue la primera mujer en ocupar el cargo de directora gerente. Previamente, había sido ministra de Finanzas de Francia durante la crisis financiera mundial y trabajó en el bufete internacional Baker McKenzie, donde en 1999 se convirtió en la primera mujer en dirigir la firma.
Desde que tomó el relevo del italiano Mario Draghi en 2019, Lagarde supervisó la salida del banco central de los tipos de interés negativos y el inicio de una agresiva serie de subidas de tipos destinada a frenar las crecientes presiones inflacionistas. A pesar de recibir algunas críticas por su estilo de comunicación, en general se considera que Lagarde ha gestionado estas crisis de forma satisfactoria.
Lagarde deja la presidencia del BCE en un momento complicado, ya que la inflación está volviendo a alejarse del objetivo del 2% del organismo debido a las presiones inflacionarias derivadas del conflicto en Oriente Próximo, especialmente de la subida de los precios energéticos. El BCE fue el primer gran banco central en subir los tipos de interés para contener el empuje de los precios tras el inicio de las hostilidades entre Teherán, Tel Aviv y Estados Unidos.
VALORACIONES
Holger Schmieding, economista jefe de Berenberg, cree que la salida anticipada de Lagarde «no es ninguna sorpresa» y no cambia las perspectivas sobre la política del BCE ni sobre cómo abordará el banco los riesgos relacionados con la crisis de deuda francesa. «La única sorpresa moderada ha sido el momento elegido para anunciar su decisión», afirma.
Según este experto, es probable que los líderes de la Unión Europea intenten cubrir conjuntamente las tres vacantes que se abrirán en el Comité Ejecutivo del BCE en 2027, a más tardar durante la cumbre europea del 17 y 18 de diciembre, y posiblemente antes. El Consejo de Gobierno del BCE, encargado de fijar los tipos de interés, está compuesto por 27 miembros: el Comité Ejecutivo y los gobernadores de los bancos centrales de los 21 países de la eurozona.
Diversas informaciones publicadas en los medios apuntan que Alemania propondrá próximamente un candidato para sustituir a Isabel Schnabel como miembro del Comité Ejecutivo responsable de las operaciones de mercado, pero no reclamará la presidencia y, probablemente, tampoco el puesto de economista jefe, que ocupa actualmente Philip Lane.
«Por el momento, el neerlandés Klaas Knot y el español Pablo Hernández de Cos siguen siendo los favoritos para suceder a Lagarde», señala Schmieding. Cabe recordar que Boris Vujčić asumió el cargo de vicepresidente el pasado 1 de junio en sustitución del español Luis de Guindos.
Para Schmieding, además de las cuestiones habituales relacionadas con la competencia en política monetaria y el equilibrio geográfico dentro del Comité Ejecutivo, la capacidad de los candidatos para afrontar posibles turbulencias financieras «probablemente desempeñará un papel importante en la elección de los nuevos dirigentes del BCE». En este sentido, añade, Knot podría contar con «cierta ventaja» por haber presidido el Consejo de Estabilidad Financiera del G20.
Por otro lado, el economista advierte sobre el peligro que puede suponer la llegada de la ultraderechista Marine Le Pen a la presidencia de Francia en 2027. Según Schmieding, el contraste con el «firmemente europeísta» Macron podría acrecentar los problemas de Francia y puede que de la eurozona en su conjunto.
Si la crisis empeorase drásticamente, el BCE podría recurrir a sus instrumentos, como las inyecciones de liquidez en los mercados de financiación a corto plazo para evitar que se paralizasen, o activar su Instrumento para la Protección de la Transmisión (TPI, por sus siglas en inglés) para proteger a otros países, como Italia, frente a los riesgos de contagio.
«Sin embargo, el BCE no tiene el mandato ni la voluntad de financiar los desmanes fiscales de Francia. En nuestra opinión, el BCE solo prestaría apoyo a Francia si París regresara a unas políticas más sostenibles», sentencia.
