Rigetti Computing, una compañía que ha visto cómo sus acciones se disparaban más de un 1.700% en los últimos doce meses, encarna esa narrativa: una mezcla de avances científicos, apuestas a largo plazo y volatilidad de corto recorrido que seduce a inversores intrépidos.
UNA TECNOLOGÍA QUE QUIERE CAMBIAR LAS REGLAS
Rigetti no compite en la informática tradicional. Su terreno es la computación cuántica, un paradigma que, según sus defensores, transformará la forma en que procesamos información.
“No hablamos de un paso adelante: es un salto cuántico en toda regla”, apuntan los analistas de XTB. La compañía californiana controla todo el proceso: desde el diseño del chip hasta la operación de su nube cuántica, una plataforma que permite a empresas y organismos acceder a su hardware sin invertir en costosa infraestructura. Entre sus socios figuran gigantes como la NASA o Microsoft, que integra su sistema en Azure Quantum.
RESULTADOS MIXTOS, EXPECTATIVAS ALTAS
El último trimestre dejó sensaciones encontradas. Los ingresos alcanzaron 1,8 millones de dólares, ligeramente por debajo de lo previsto, y las pérdidas operativas superaron los 19 millones. Sin embargo, la firma presentó el CFS-1360, el mayor ordenador cuántico multichip de la industria, con un 99,5% de fidelidad en compuertas de dos qubits y la mitad de errores que su predecesor.
“Los avances técnicos son el verdadero combustible de la acción”, señala Chris Markoch, de MarketBeat, recordando que la empresa planea un sistema de más de 1.000 qubits en cuatro años.
EL JUEGO DEL CORTO PLAZO
Aunque su tesis de inversión es a largo plazo, Rigetti también atrae a ‘traders’ que buscan movimientos rápidos. El interés bajista supera el 17%, un nivel que puede disparar subidas por cierre de cortos.
El título encuentra resistencia en los 17 dólares y soporte en torno a los 15, con precios objetivo de analistas situados entre 18 y 20 dólares.
OPORTUNIDADES Y RIESGOS
La compañía estima que el mercado cuántico podría generar hasta 850.000 millones de dólares en 2040. Pero no todo son certezas: sus ingresos dependen casi por completo de contratos gubernamentales y la adopción comercial podría tardar de tres a cinco años.
Además, existe un riesgo regulatorio latente si los gobiernos restringen el acceso a esta tecnología por su potencial de romper la criptografía actual.
“La oportunidad es gigantesca, pero no apta para cardíacos”, advierte un analista de Bloomberg.
EL VEREDICTO
Rigetti es una apuesta por el futuro, con todo lo que eso implica: volatilidad, plazos largos y potencial disruptivo. Para algunos será el equivalente bursátil a explorar un nuevo planeta; para otros, un viaje demasiado incierto.
Lo indiscutible es que, con un 1.700% de revalorización anual, esta pequeña gran compañía cuántica ya ha dejado su huella en el mapa de Wall Street. El próximo capítulo, en noviembre, dirá si mantiene el impulso o si la gravedad empieza a notarse.