Después de siete recortes consecutivos, ocho en todo el ciclo, el BCE acordó por unanimidad no recortar los tipos de interés, dejándolos en el 2%.
«No hubo presión inmediata para modificar los tipos de interés oficiales», señala el documento, dado que «las condiciones financieras se mantuvieron prácticamente estables y los datos posteriores a la reunión de junio confirmaron que la inflación y las perspectivas de inflación eran favorables, con una previsión de estabilización de la inflación en el objetivo a medio plazo».
Los miembros del BCE consideraron que «mantener los tipos de interés oficiales en sus niveles actuales permitiría disponer de más tiempo para observar el desarrollo de las negociaciones comerciales y evaluar exhaustivamente las consecuencias de cualquier resultado final sobre la trayectoria de los tipos de interés».
Además, permitiría una evaluación «más exhaustiva de la transmisión de recortes de tipos de interés anteriores y una evaluación de la información adicional recibida, incluyendo la relativa a la producción manufacturera, la reorientación del comercio, la inflación del sector servicios, el tipo de cambio y la evolución de los mercados financieros, también en el contexto de un nuevo conjunto de proyecciones del personal».
«Todo esto debería facilitar, de aquí a septiembre, una mejor comprensión de cómo estaba respondiendo la economía a los desafíos actuales, incluso en relación con las fuerzas contrarias que actualmente oscurecen las señales de los datos, y lo que eso implica para las perspectivas», indican las actas.
ESTRATEGIA SÓLIDA
En la reunión de julio sí que se llegó a expresar la opinión de que las condiciones actuales también serían compatibles con un nuevo recorte de tipos.
No obstante, «debido al aumento de los riesgos a la baja para la producción y la inflación», mantener los tipos de interés sin cambios se consideró una «estrategia sólida para gestionar los shocks y los riesgos de inflación bilaterales en una amplia gama de escenarios plausibles».
En general, se consideró que, «actualmente, era muy recomendable esperar a obtener más información y a que se resolviera cierta incertidumbre».
De cara a futuras decisiones, el Consejo de Gobierno creyó que, «dada la excepcional incertidumbre y los riesgos de fuertes shocks inflacionarios y de crecimiento en ambas direcciones», era importante que mantuviera una perspectiva bidireccional, manteniendo plena opcionalidad y siendo ágil para reaccionar con rapidez ante fuertes shocks en caso necesario.
De hecho, las actas reflejan que la comunicación debía mantener un «tono prudente y neutral» y ser «deliberadamente desinformativa» sobre futuras decisiones sobre tipos de interés.
Al mismo tiempo, el debate ha pasado de la velocidad a la que deberían normalizarse los tipos de interés, como parte de una campaña de recortes, a posibles ajustes marginales para el resto de 2025, en vista de las perspectivas económicas y las incertidumbres prevalecientes.