«La mayor parte de los movimientos de precios probablemente ya está descontada», afirma Jerome Dortmans, codirector global de trading de petróleo y productos en Goldman Sachs, que cree que «esto está lejos de haber terminado, pero parece que avanzamos hacia un entorno más calmado que permitirá al mercado petrolero encontrar un equilibrio más saludable en términos de precios».

Los números respaldan este diagnóstico. El Brent cotiza en estos momentos alrededor de los 70 dólares, muy por debajo del máximo cercano a los 118 dólares alcanzado en abril, en pleno conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel. Con todo, el nivel sigue siendo superior al de comienzos de año, cuando el barril se movía en torno a los 60 dólares.

No obstante, todavía quedan muchos detalles por cerrar para poder hablar de un acuerdo de paz en firme, como bien demuestran los acontecimientos de los últimos días o la aparente falta de entendimiento sobre el programa nuclear iraní, pero «probablemente» el mercado petrolero «ha entrado en un nuevo paradigma». Por ello, afirma, aunque los precios de la energía podrían fluctuar durante el proceso, el petróleo «podría ir bajando gradualmente», aunque algunos titulares puedan provocar subidas temporales de precios.

En este sentido, el analista de Goldman cree que los menores niveles globales de inventarios debido al conflicto harán que los precios se mantengan contenidos en los próximos meses. De hecho, pronostica que la demanda estacional de gasolina y diésel en el hemisferio norte repuntará con fuerza durante el tercer trimestre.

A medida que bajan los precios del petróleo, los grandes consumidores de crudo vuelven a ser más activos cubriendo precios futuros (‘hedging’), explica Dortmans. Mientras tanto, algunos inversores institucionales están posicionándose para que el petróleo caiga a 50 o 60 dólares por barril «bastante rápido». «Su expectativa es que este conflicto se resolverá y que el ritmo de acumulación de excedentes de crudo será significativo», afirma.

UN CONTEXTO DIFÍCIL DE REPETIR

Sin embargo, Dortmans advierte que precios tan bajos «podrían revertir» los aumentos de producción logrados en los últimos meses, pues el panorama de oferta para los productores de alto coste podría volverse «más desafiante».

En este sentido, la reapertura del estrecho de Ormuz podría dar algo de alivio a los mercados. Y es que, si bien la vía marítima por la que circulaba alrededor de un 20% del suministro mundial de crudo antes de la guerra, Dortmans apunta que el crudo ya había empezado a fluir tras el alto el fuego de abril, y es probable que esos envíos se aceleren ahora. «Se espera que ese flujo provenga tanto de buques que no habían podido salir del estrecho como del petróleo producido en Irán», agrega.

Y, sin embargo, el golpe no fue tan duro como se temía. Es cierto que los flujos de crudo se redujeron considerablemente durante los peores momentos del conflicto, pero, como Goldman destaca, hubo varios ajustes importantes que sirvieron para amortiguar el golpe.

En primer lugar, las refinerías asiáticas, al enfrentarse a precios de compra muy elevados, redujeron su demanda de productos refinados. Asimismo, algunos productos de Oriente Medio consiguieron desviar parte de su crudo hacia oleoductos alternativos, evitando así el tráfico marítimo. China, por su parte, recortó su consumo de crudo mucho más de lo previsto por el mercado, mientras varios países y organismos liberaban reservas estratégicas para aliviar a los mercados. Por último, productores como Brasil o Venezuela tuvieron en los precios más altos un incentivo para elevar su producción.

No obstante, Dortmans espera que algunos de esos factores que ayudaron al mercado a adaptarse desaparezcan o incluso se reviertan, especialmente del lado de la demanda. Sin ir más lejos, las reservas mundiales de petróleo se han reducido notablemente y deberán reponerse, tanto las comerciales como las estratégicas. Por eso, aunque no descarta la aparición de excedentes hacia finales de año y durante 2027, Goldman Sachs espera que, en esta primera fase, el Brent encuentre un suelo entre 70 y 75 dólares por barril.

¿RIESGO DE SOBREOFERTA?

Estas hipótesis se basan en que Estados Unidos e Irán alcancen un acuerdo de paz integral, el cual daría paso a una fase más «benigna» para el crudo. Por ejemplo, Irán ganaría margen para exportar «significativamente más petróleo», aunque ello dependerá de la rapidez con la que los productores puedan reparar las infraestructuras dañadas y aumentar su producción.

Dortmans también apunta a otros factores que podrían mover el mercado: algunos países asiáticos podrían optar por engrosar sus reservas de petróleo como protección ante futuras crisis energéticas, y se espera que la demanda china recupere terreno con el tiempo.

El experto subraya que el mercado atravesará una fase de reconstrucción de inventarios, pero no solo de crudo, sino de toda la cadena, incluidas las materias primas petroquímicas y los productos finales si la demanda regresa a los niveles previos al conflicto.

Fuera de Oriente Medio, la guerra entre Ucrania y Rusia sigue siendo un factor a monitorear, ya que Rusia es un productor clave cuya capacidad de refinado ha resultado dañada por el conflicto. En el corto plazo, algunas potencias occidentales podrían endurecer las sanciones sobre el petróleo ruso, pero si Kiev y Moscú alcanzan un acuerdo de paz –algo poco probable en estos momentos– más suministro energético ruso podría volver a fluir hacia el mercado global.

Sin embargo, Dortmans cree que la visión optimista de Goldman Sachs y del mercado depende de que todo salga bien. Un recrudecimiento de las tensiones en Oriente Medio o un desenlace fallido de las negociaciones podrían volver a disparar los precios del crudo. Por ello, sentencia, es «importante» no ser «complaciente», ya que cualquier escenario sigue siendo reversible hasta que la paz no esté puesta en negro sobre blanco.

Por tradeo